
Una capa de oscuridad emboza la luz del día.Espesas pero volátiles masas de gris se funden con los blancos que, todavía, resisten en el cielo.
Abajo, en la tierra, el bosque se agita.
Tímidamente; las valientes, ancianas hojas que aguantan el pequeño vendabal susurran desde lo alto arrugados cantos a sus fieles compañeras caídas.
Éstas últimas, poco a poco, se alejan, empujadas por una presente pero invisible fuerza que semeja insuflarles vida propia.
Mientras fuera ocurre todo esto, observo cómo las gotas de lluvia castigan sin piedad los cristales de mi ventana. Me escondo bajo una manta roja y disfruto del momento haciendo lo propio: (D)escribiendo.
Escrito en una Bellaterra que; hoy, por unos instantes, ahora...
Está consiguiendo que vuelva a casa.
Está consiguiendo que vuelva a casa.