Mostrando entradas con la etiqueta curiosidades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta curiosidades. Mostrar todas las entradas

viernes, mayo 28, 2010

Choque cultural en presente... ¿Para quién?

Una rueda metálica impacta contra uno de los raíles y produce una lluvia de chispas que alumbra por un segundo el subsuelo de Barcelona. En el interior del vagón se escucha, ahogado, el agudo chirrido del contacto entre los dos metales. Tras su paso, un violín comienza a fabricar con sus cuerdas una melodía demasiado recurrente.

Lo que en otros lugares del planeta se percibiría con cierta curiosidad e incluso con asombro es en Barcelona el pan de cada día. Una pareja de inmigrantes armados con un violín y una guitarra irrumpen con canciones en la sórdida cotidianidad de los barceloneses que, en metro, vuelven a casa tras un largo día.

Normalmente, esas melodías me gustan. Por regla general suelo calificar de bueno todo momento que confiera al día esa chispa de magia y lo diferencie de aquellos en los que nada parece ocurrir. He de admitir que aquella melodía en concreto nunca fue de mi agrado. Demasiado hipócrita.

Al tiempo que los pasajeros de aquel ingenio metálico ignoran la canción y se refugian en sus MP3, una puerta negra se abre a mi derecha. Un hombre alto y moreno vestido de rojo pega un par de gritos incomprensibles hacia los músicos. Es el conductor del tren.

En menos de un segundo, los artistas ponen sus armas en el suelo y, con una sonrisa, agradecen al enfadado conductor su amabilidad por noticiarles de la supuesta infracción que estaban llevando a cabo.

En cuanto se cierra la puerta, una mujer que habla con un acento extranjero comenta, mirada de reproche en alza:

"Ese hombre es un cabrón racista, no le hagan caso. Cuando el vagón se llena de borrachos y maricones no dice nada, pero cuando hay música..."

Confusión

martes, febrero 10, 2009

Los crêpes sorpresa

Una entrada en uno de mis blogs favoritos me hizo recordar una anécdota que me pasó hace ya unas cuantas semanas, antes de que abriera la libreta y comenzaran los exámenes.

¿Habéis visto alguna vez una de esas películas norteamericanas en las que una familia se traslada a un nuevo vecindario y sus vecinos les traen todo tipo de comidas para celebrarlo? Pues el otro día me pasó algo parecido.

Resulta que estaba yo tan pancho cocinando unas espinacas a la marinera (congeladas, que aunque pueda cocinar soy de la raza perezosa en la labor) cuando de repente suena el timbre. Eso ya es raro, porque mis compañeros de piso tienen la llave y solo suelen llamar cuando se estropea (la cerradura es de estos sistemas que abren con tarjeta, los odio). Así que pensando que éste era el caso, abro la puerta. Pero no eran mis compañeros de pisos.

Era una chica que aparentaba unos 17 años (luego me contaría que eran 20), de más o menos mi misma altura (osea, más bien bajita), vestida de negro y que llevaba un plato con lo que yo reconocí a primera vista como filloas (un plato gallego típico de carnavales). Ante mi cara de sorpresa, la chica se sonrojó levemente y, con una sonrisa nerviosa confeso: Hola, soy la vecina del 204, resulta que hice crêpes para animar a mi compañera de piso que ha suspendido un examen y me pasé con la masa. Así que, como no tenía nadie a quien dárselos, pensé en los vecinos de al lado. Me llamo Gael, encantada de conocerte.

No pude evitarlo, eché una pequeña carcajada ante la valentía de la pobre chiquilla, que parecía algo nerviosa. Le di las gracias muchísimas veces y la convidé a pasar a tomar algo. Resulta que es muy maja, estudia física y es de las Baleares. Hemos quedado de ir un día a tomar algo al bar de la vila.

En fin, una curiosidad más. Pero muy típica de las películas americanas :S

sábado, enero 31, 2009

Yo pesco

Uno de mis pasatiempos favoritos cuando viajo es, en caso de que el lugar al que vaya tenga castellano como lengua oficial, intentar detectar diferencias en la lengua. Palabras que se dicen de otra forma, expresiones diferentes....

Hoy he utilizado, con una amiga catalana la palabra "chapona" (persona que estudia mucho, al menos en Galicia). Directamente me preguntó: ¿Qué es eso? Y yo me quedé: ¿En serio no utilizáis chapona en Cataluña? Seguidamente le pregunté a otra amiga, y después de explicarle lo que significa, me contesta: "Pero como se dice: ¿Eres un chapona o chaponas mucho?" Vamos, que me pegué una hartá' de reir.

Otra de las diferencias que me hace gracia es la expresión "hacer servir" en lugar de utilizar, o "hacerse una birra" en lugar de ir a tomar una birra. En cuanto a mis amigos andaluces: "Me da corah'e," o "quillaaaa' " me encantan. A parte del acento. Es de mis favoritos.

De los canarios me quedo con el "pescar". Cuando alguien, en un contexto que no sea el marino utiliza la expresión "yo pesco" significa que no se está enterando de nada.


No sé, es curioso :P

sábado, enero 24, 2009

Sentimientos colectivos

Es curioso ver cómo, en muchas ocasiones, un grupo de gente afectado por un mismo problema se puede unir en protesta. Si lo pensamos detenidamente, cada una de esas personas tendrá su propia visión del asunto, sin embargo, cuando afecta gravemente a todo el grupo o se soluciona, todos se unen en protesta o alegría.

Un ejemplo de ello ha sido el día de hoy. Resulta que los fuertes temporales que azotan el norte de la península dejaron sin luz a la residencia universitaria en la que vivo. Desde por la mañana, hemos tenido que vivir sin electricidad. Eso implica muchas cosas, ya que no podíamos cocinar (la cocina es eléctica), los bares tampoco tenían maquinaria a gas y, en general, no podíamos utilizar ningún aparato tecnológico (salvo el movil). En mi caso, símplemente me puse, durante las horas de luz, a leer. Lo más curioso fue el reto de ducharme sin luz. Toda una aventura.

Sin embargo, al llegar la hora de la comida, mis compañeros de piso y yo nos vimos en el problema de no poder cocinar. Pero eso no importó demasiado: nos pusimos todos manos a la obra y rápidamente arreglamos un pequeño almuerzo a base de embutidos y cosas frías, que compartimos entre nosotros. Es curioso, jamás habíamos estado así de contentos y unidos cuando había electricidad. La tarde transcurrió entre bromas y conversaciones. Sin embargo, a la noche, ocurrió lo más alucinante.

Cuando empezó a esconderse el sol, se veía por las ventanas a la gente saliendo, buscando sus últimos rayos. Pero el sol se fue. Todo estaba a oscuras, no se veía nada. La vida se complicaba. La nevera no funcionaba y los pocos que pudieron conseguir velas, las encendían y las compartían. Fue entocnes cuando ocurrió el milagro: La luz se encendió. Entonces, el júbilo fue inmenso: todos los habitantes de los pisos que dan a la gran calle común salieron de sus casas agitando y golpeando con fuerza cacerolas y otros instrumentos de cocina, provocando un ruído muy peculiar. En ese momento, probablemente más de 1000 personas estábamos celebrando, a la vez, la solución de un problema. La gente que no se conocía se saludaba por los pasillos. Todo era muy alegre y en buen ambiente.


Es curioso, a veces no nos damos cuenta.
Pero juntos, sonamos más que uno solo. Y solemos ser más felices.